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Acto homenaje a Thomas Sankara
A los 20 años del asesinato de una esperanza « Thomas Sankara »

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Aparentemente Burkina Faso es un país africano completamente normal. Es decir, la población normalmente es miserable y hambrienta, la clase burguesa normalmente desdeñosa y corrupta, y normalmente hay cientos de ONGs, que en muchos casos sirven para lavar las malas conciencias de los países imperialistas. Los seminarios, coloquios, cumbres y simposios de lucha contra la pobreza y la desertización normalmente llenan las salas a plena satisfacción de los propietarios de restaurantes y hoteles de cinco estrellas…
El Banco mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC) velan con diligencia y discreción para mantener al país encadenado al neocolonialismo.
Pero este país esconde otro Un país engullido, desaparecido, enterrado desde hace veinte años bajo las arenas de una memoria prohibida, pero cuyo corazón todavía se oye latir si prestamos atención. Un país, que posee gracias a una propuesta de Sankara el nombre más bello que una nación puede exhibir: Burkina Faso, « País de los hombres íntegros », un nombre que el tirano que le asesinó no se ha atrevido a cambiar y que hoy resuena como el vestigio de una civilización desaparecida.
Ese país soñado, nació por el amor y la fe de un hombre visionario:. Hoy la juventud africana nacida después de su asesinato ha hecho de él un « Che Guevara africano », un héroe cuya leyenda a veces impide percibir la grandeza real del hombre.
Veinte años: una generación, una eternidad. ¿No sería tiempo de levantar la prohibición de memoria que pesa sobre él ? Se le suele comparar a con un cometa para expresar el asombro suscitado, por la luminosidad y la brevedad de su paso. Cuando el cometa desaparece y la noche reina otra vez, el testigo deslumbrado se frota los ojos y se pregunta si no habrá sido víctima de una alucinación.
¿Ocurrió? ¿Realmente existieron esos cuatro años prodigiosos en los que anidaba la semilla de una nueva civilización singular y a la vez tan universal? ¿Realmente existieron esos cuatro años que sentaban las bases de un África palpitante y fraternal, finalmente liberada de la mirada del opresor? Una África digna y frugal que iba a mostrar el camino a otros pueblos…
Desde muy joven Thomas Sankara se sintío atraído por las ideas marxistas, las mismas que pondría en práctica años después. En 1.976 fue uno de los fundadores del « Grupo de Oficiales Comunistas », que a la postre daría el golpe que cambió la historia del país. Su primera experiencia en el gobierno militar fue desastrosa: dejó su cargo de Secretario de Estado por graves diferencias con el poder y maldijo a sus líderes.
Años más tarde, en 1.982, tras el enésimo golpe de Estado que esta vez trajo al poder a Jean Baptiste Ouedraogo, fue elegido Primer Ministro y pudo contar con algunos de sus colegas del « Grupo de Oficiales Comunistas » para formar gobierno. Aquí empezó la primera aventura reformista de Sankara, pero duró muy poco. Fue arrestado semanas después junto con su « tropa » de comunistas (tras una visita del hijo del presidente francés, Jean Christophe Mitterrand, oh casualidad), lo que produjo una sublevación popular que dio origen al famoso levantamiento de 1.983, que llevó a Sankara a la Presidencia el 04 Auguto 1983. Aquí comienza la historia de un sueño de cuatro años, el de la « Tierra de la Dignidad » (« Burkina Faso » en lengua Mossi y Dyula, las mayoritarias de aquel país).
Promovió una « Revolución Popular y Democrática », con los pilares Educación, Agricultura y Salud Pública como prioridades, una política destinada entre otras cosas a acabar con la hambruna, igualar los derechos de la mujer a los del hombre (algo inédito hasta la fecha en el continente africano, sobre todo en esa zona del África Occidental), combatir la corrupción, impulsar una reforestación a gran escala y suprimir los poderes de los jefes tribales. Para articular todos estos cambios no sólo se apoyó en el ejército, sino que creó los llamados « Comités de Defensa de la Revolución », organizaciones populares encargadas de velar por la revolución en marcha.
La lucha contra la corrupción fue uno de los grandes retos -y también de los grandes logrosdel sankarismo.
Los Tribunales Populares Revolucionarios fueron un instrumento fundamental para erradicar una lacra que azotaba a la totalidad del continente africano. Se negó a tener un avión presidencial. Su sueldo como presidente siguió siendo el mismo que el del cargo de capitán que ejercía antes de llegar al poder (100€), y a su muerte, su única posesión era una modesta vivienda cuya hipoteca no había sido aún enteramente liquidada, unos cuantos libros y una guitarra. Su madre seguía ejerciendo, siendo él presidente, como vendedora de especias en un puesto de un mercado de Uagadugú.
Mejorar el status social de la mujer era una de las metas principales del gobierno de Sankara (que, dando ejemplo, estaba formado por muchas mujeres). Comenzaron por abolir a ablación, condenar con la cárcel la poligamia y promover el uso de anticonceptivos. Esto era toda una novedad en África, y de hecho Burkina Faso fue el primer país africano en reclamar la máxima atención para el SIDA en todo el continente por la tremenda expansión que estaba sufriendo. Por cierto, la guardia personal motorizada del presidente estaba formada únicamente por mujeres.
Una de las iniciativas más sonadas que adoptó Sankara fue vender toda la flota gubernamental de coches (lujosos Mercedes Benz) y convertir al Renault 5 (el vehículo más barato de los que se podían encontrar en Burkina Faso) en coche oficial del gobierno. En la población de Uagadugu, convirtió un importante almacén militar en un supermercado, el primero del país. Era un pequeño reflejo del progreso que empezaba a experimentar la sociedad burkinabe, que por fin veía algo de luz tras décadas de zozobra. Por desgracia todas las esperanzas fueron echadas por tierra en 1.987.
La erradicación del analfabetismo fue otro de sus grandes logros, con resultados espectaculares en sus cuatro años de gobierno y la construcción de centenares de escuelas rurales.
En el campo de la sanidad, la obra de Sankara fue también notable. Puso en marcha acciones espectaculares, como las vacunaciones masivas, con el objetivo de vacunar rápidamente a millones de niños en todo el país, con la ayuda _ como en otras muchas iniciativas sociales- de voluntarios venidos de distintos países.
La obsesión de Sankara _ y para él el principal objetivo de cualquier revolución- era mejorar las condiciones de vida de su pueblo. Que la gente pudiera alimentarse correctamente, vivir dignamente, acceder a la educación, expresarse libremente era el objetivo de su trabajo diario. Dio un giro radical a la economía de su país, centrando todos sus esfuerzos en el desarrollo de la agricultura y la ganadería, creando centenares de mini-embalses, promoviendo y protegiendo la producción local frente a los productos importados que sangraban la economía nacional. Rechazó de plano cualquier ayuda internacional que se pareciera a una limosna y sólo estuvo de acuerdo en gestionar aquella que contribuyera a facilitar los objetivos que su gobierno se había marcado.
Pero todo ello se tuvo que hacer desoyendo las consignas de los organismos financieros internacionales -FMI y Banco Mundial- y de la Francia de Mitterrand, que le cortaron, todos ellos y de forma repetida, el acceso a los créditos necesarios para su programa. Los enfrentamientos con el presidente francés fueron, por otra parte, sonados. Sankara, en efecto, no tenía ningún reparo, y lo hizo en alguna ocasión teniendo a Mitterrand a su vera, en reprochar a la antigua metrópoli su pasado colonial y el empeño en seguir manteniendo el control sobre los recursos naturales africanos y, para ello, también ejercer el control político por la vía interpuesta de jefes de Estado locales corruptos y sumisos.
La población recuperó una dignidad perdida a lo largo de un siglo de sumisión al poder extranjero, de vejaciones, de miseria, de represión. Ser burkinabé se convirtió en sinónimo de orgullo en todo el continente africano. La lucha de Sankara fue asumida por la juventud de todo el continente, donde se convirtió en un héroe, un líder carismático, el presidente valiente y honrado que todos los pueblos africanos querían para sí.
Por eso, al día siguiente de su muerte, millones de africanos salieron a la calle enfurecidos; por ello, aún hoy _ veinte años después- en las calles de toda África, en los taxis y en las motocicletas, en los cuadernos escolares, el nombre y la foto de Sankara están presentes y en los mercadillos se pueden adquirir grabaciones de sus discursos; por ello, campus y comedores universitarios de toda África han tomado el nombre de Thomas Sankara.
¿La revolución « sankarista » fue el último brote de rebeldía antes de una derrota programada o el primer rayo de luz de un continente desamparado? Frente a la situación actual del mundo, la obra de Sankara debe reconsiderarse hoy bajo una luz nueva.
En efecto, veía más allá. De ahí su impaciencia. Quizá fue demasiado adelantado a su época para conseguir que compartieran sus convicciones algunos de sus camaradas cansados de no llevar nunca a sus labios una copa de champán.
El preveía lo que iba a llegar: los genocidios, las hambrunas, las epidemias, generados por la búsqueda exclusiva del máximo beneficio. Por eso quiso hacer del pequeño Burkina Faso una obra ejemplar para el futuro de la humanidad. Mucho antes que Nicolas Sarkozy, nombró mujeres los puestos más importantes, mucho antes que Nicolas Hulot puso la ecología a la cabeza de sus prioridades. Sus ambiciosos proyectos hidráulicos y forestales merecían realizarse y habrían cambiado, sin duda, el paisaje del África subsahariana.
Fue el primero en fomentar el comercio justo y el desarrollo sostenible basados en el respeto a las poblaciones. Frente a la hipertrofia y la megalomanía de las potencias imperialistas y las multinacionales, fue el primero que se negó a pagar « la deuda » de la que denunció su carácter perverso. Hoy la deuda de los países pobres ha tomado proporciones tan astronómicas que impide todo desarrollo económico y vuelve ficticia la independencia de los estados. había tomado conciencia del problema y pensaba liberar a África de esta nueva colonización. En todos los ámbitos desbordaba de proyectos a cual más prometedor.
Tuvo todo el cariño de Cuba, junto con Fidel Castro es el único presidente que ha sido recibido con todos los honores en Harlem. Defendió mas que nadie la »causa saharaui », lo que le costo caro a la postre.
Hoy el paisaje ha empeorado, el mundo se encoge, se ha generalizado la angustia. La acentuación de la explotación de la clase trabajadora, las guerras por intereses de los capitalistas, el agotamiento de los recursos naturales por las superpotencias, amenaza el futuro del planeta. Todo puede irse a pique. En cuanto a la población de África, sufre con fatalismo dramático más que ninguna otra las consecuencias trágicas de este desorden imperialista generalizado.
El 15 de octubre de 1987, Thomas Sankara, presidente de Burkina Faso, era asesinado por los hombres de su mejor amigo y compañero de armas, Blaise Compaoré, que sigue ostentando hoy la presidencia del país a plena satisfacción del imperialismo y sus organismos. Juntos habían empezado un proceso revolucionario que constituyó la experiencia más extraordinaria de desarrollo integral en la historia reciente de África. Con Thomas Sankara moría no sólo un hombre excepcional sino también un proceso político que despertó la esperanza de todo el continente y el temor de los poderosos, y que aún hoy, sigue siendo un referente absoluto para una nueva África, una África construida por los africanos.
No podemos olvidar a la persona que ordenó, directa o indirectamente, el asesinato del capitán Sankara. El presidente de la República Francesa era, en aquellos años, el socialista François Mitterrand, fraternal amigo de nuestro ilustre Felipe González. Mala gente que camina.
Dos décadas después del crimen, Sankara es un ídolo para la juventud africana. Su humilde tumba cerca de un nauseabundo estercolero es lugar de peregrinación para la desheredados de la Tierra. Sobre ella, reza la famosa leyenda de la Revolución Cubana y que tantas veces grito Sankara: Patria o Muerte.
Venceremos.
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